Sí, antes de lo previsto tuvimos la visita de este fabuloso personaje que fue llamado a recoger la primera pieza que Laia aporta para la joya de su majestad!!
No sabía que el cuento original fue
escrito para un príncipe, seguramente con fundamento en un cuento de la tradición oral de entonces, pero encaja perfecto!! A mi princesa catalana el cuento la ha encantado y fue lo único que la consoló ante tan inesperada y traumática pérdida.
El diente venía suelto desde el domingo pasado y hasta el viernes en la noche (momento de la pérdida) tratamos de prepararla para lo que sucedería, pero no pudimos evitar que se nos escapara la sorpresa ante lo temprano del hecho. Laia solo tiene cinco años!, yo recuerdo que mi primer diente se cayó cuando tenía seis (la encargada del consuelo y explicación fue mi abuelita Lola y vivíamos en Inglaterra, supongo que por eso me acuerdo), Julio no se acuerda pero dice que debía tener seis o siete (él lo que recuerda es que una de sus magníficas piezas fue a parar al estómago por que se la comió). Nuestros involuntarios comentarios generaron lágrimas y manifestaciones expresas de que no quería que se le cayera su diente, que era muy chiquita para una cosa de esas.
En todo caso como no había nada que hacer para complacer a nuestra hija y el diente había iniciado su inevitable camino hacia el bolsillo del Ratón Pérez, yo empecé a chuparme los dedos ante la posibilidad de arrancar un diente!! Si, tengo que reconocerlo (en mi casa lo saben y no desaprovechan oportunidad para explicarlo) yo disfruto arrancando dientes de leche, me siento algo así como una ayudante del Ratón Pérez!!, Es una labor importante que debería ser reconocida positivamente, fíjense que Julio por ‘esperar’ pacientemente perdió una importante pieza de la joya real!!
De pequeña personal y meticulosamente arranqué uno a uno todos mis dientes de leche (excepto el primero que quedo enterrado en una pera, pero bueno, la ignorancia lo explica). Conseguí quitar algunos de los de Andrea que no estaba muy convencida de las técnicas, aunque si recuerdo que con ella tuve la oportunidad de discutir procedimientos que incluían amarrar el diente a la chapa de la puerta y tirarla para ver como volaba la pieza… no, tranquilos, no recuerdo que la hubieramos puesto en práctica. Después tuve la oportunidad de practicar con Sandra, su inocencia y mi ascendencia (no en vano son 10 años de diferencia) e inexperta juventud (en todo caso no más de 10 años), favorecieron que fuera Sandra mi verdadera paciente preferida. Al principio curiosa se dejaba con alguna facilidad, después ya tuve que inventar tácticas cada vez más atrevidas, pero conseguí quitar todos o casi todos sus dientes de leche. Finalmente, Diego (nuestro sobrino hijo de Diana la hermana de Julio) me permitió hace unos años 'ayudarle a uno de sus dientes' cuando estuve presente en uno de estos maravillosos acontecimientos, pero para tranquilidad de ustedes ya había calmado mi ímpetu juvenil así que fui muy civilizada (tampoco es para quedar como salvaje con la familia política).
En fin, con base en estos antecedentes imaginarán la expectativa con que espero la llegada de estas oportunidades con mis hijas (dos boquitas llenas de dientecitos que se caerán y en las que participaré activamente!!)… Julio y mi mamá conocedores de mis hábitos aleccionaron a Laia que durante toda la semana se dejaba ver el diente de lejos, tocarlo con un dedo (me recordaba a Sandra), etc., incluso un par de veces me dijo “
mamá, mira que Anna (una vecina)
dijo que ellos se caen solos…”,
Tuve que sacar a relucir toda mi experiencia y aprovecharla con los nuevos adquiridos recursos de paciencia y conciencia que van dando la edad y la posición de madre (incluida la promesa tácita a Julio de que esperaría todo lo que fuera necesario, “
deja en paz a la niña” decía cuando me veía brillar los ojos)… El viernes en la noche con el diente en su punto y con una descuidada aprobación de Laia… FUERA!!, Laia estuvo sorprendida, pero pronto se consoló con la esperanza de comprobar la historia del Ratón Pérez, con la idea de que evitamos la posibilidad de que el diente fuera a parar en la barriga… como de hecho sucedió al papá!, y con las posibilidades de status que da ser la primera de TODOS sus amigos a los que sucede una cosa de estas, sobre todo frente a Giordanna que ya casi va a cumplir SEIS y todavia: NADA!
Estoy orgullosa de mi, no resultó tan difícil controlar los impulsos…, esperemos que la próxima vez sea más fácil convencerlas de los beneficios de considerar a mamá una ayudante del ‘Ratón Pérez”.
Pero, más allá de las anécdotas y de lo sucedido… la pérdida del primer diente de leche es un hecho muy importante… empieza a evidenciar que los bebes crecen, que ya comienzan a adquirir elementos de su pronta adultez… Lástima que hubiera ocurrido tan pronto mis morbosas satisfacciones hubieran esperado sin mucho problema otro año…